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Domingo 16 Tiempo ordinario – B (Marcos 6,30-34)

Evangelio del 22 / Jul / 2018
Publicado el 16/ Jul/ 2018
por Coordinador - Mario González Jurado

LA MIRADA DE JESÚS

Marcos describe con todo detalle la situación. Jesús se dirige en barca con sus discípulos hacia un lugar tranquilo y retirado. Quiere escucharlos con calma, pues han vuelto cansados de su primera correría evangelizadora y desean compartir su experiencia con el Profeta que los ha enviado.

El propósito de Jesús queda frustrado. La gente descubre su intención y se le adelanta corriendo por la orilla. Cuando llegan al lugar, se encuentran con una multitud venida de todas las aldeas del entorno. ¿Cómo reaccionará Jesús?

Marcos describe gráficamente su actuación: los discípulos han de aprender cómo han de tratar a la gente; en las comunidades cristianas se ha de recordar cómo era Jesús con esas personas perdidas en el anonimato, de las que nadie se preocupa. «Al desembarcar, Jesús vio un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas».

Lo primero que destaca el evangelista es la mirada de Jesús. No se irrita porque hayan interrumpido sus planes. Los mira detenidamente y se conmueve. Nunca le molesta la gente. Su corazón intuye la desorientación y el abandono en que se encuentran los campesinos de aquellas aldeas.

En la Iglesia hemos de aprender a mirar a la gente como la miraba Jesús: captando el sufrimiento, la soledad, el desconcierto o el abandono que sufren muchos. La compasión no brota de la atención a las normas o el recuerdo de nuestras obligaciones. Se despierta en nosotros cuando miramos atentamente a los que sufren.

Desde esa mirada, Jesús descubre la necesidad más profunda de aquellas gentes: andan «como ovejas sin pastor». La enseñanza que reciben de los letrados de la Ley no les ofrece el alimento que necesitan. Viven sin que nadie cuide realmente de ellas. No tienen un pastor que las guíe y las defienda.

Movido por su compasión, Jesús «se pone a enseñarles muchas cosas». Con calma, sin prisas, se dedica pacientemente a enseñarles la Buena Noticia de Dios. No lo hace por obligación. No piensa en sí mismo. Les comunica la Palabra de Dios, conmovido por la necesidad que tienen de un pastor.

No podemos permanecer indiferentes ante tanta gente que, dentro de nuestras comunidades cristianas, anda buscando un alimento más sólido que el que recibe. No hemos de aceptar como normal la desorientación religiosa dentro de la Iglesia. Hemos de reaccionar de manera lúcida y responsable. No pocos cristianos buscan ser mejor alimentados. Necesitan pastores que les transmitan el mensaje de Jesús.

José Antonio Pagola

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3 Comments
  1. yolanda Sett 13/07/2021 at 02:27 Responder

    El descanso y el aislamiento a que se refiere el evangelio es que tenemos que dejar un tiempo para meditar y reflexionar y estar preparados para evangelizar. Aprendamos y pidamos a Dios manejar con sabiduría y audacia la tensión existente entre misión-oración y actividad-descanso para vivir siempre desde Dios y siempre para los demás.
    Yolanda

  2. Miren Josune 16/07/2018 at 19:01 Responder

    LA DISPERSIÓN DEL SIN SENTIDO
    Domingo XVI del T.O. Ciclo – B

    «Andaban como ovejas sin pastor»

    Cuántos son los seres humanos que vagan sin rumbo, dispersos de un lado para otro, sin un camino concreto y el horizonte diáfano, que aliente con fuerza su existencia, proyecto de vida: Refugiados, inmigrantes, exiliados, prófugos, hombres y mujeres hacia el éxodo, buscando un digno asilo y cobijo, el pan de cada día, huyendo de la miseria, el hambre, guerra y muerte; en el fondo, el hondo anhelo de más vida, más libertad y justicia, aquéllo que no han podido obtener en su lugar de procedencia y origen. Personas que tratan de sobrevivir como pueden. La pregunta que debemos hacernos, va más allá de la mera subsistencia: ¿qué búsquedas pueden dar creíble sentido al ser humano?

    La globalización de nuestro mundo, corre el peligro de convertirse en masificación de hombres y mujeres sin identidad, raíces, cada vez más despersonalizados y «clonados», inducidos a mantener pautas de conducta, modas y estereotipos, sin referentes creíbles ni valores donde echar raíces, que sustenten el sentido de la vida que todo ser humano está llamado a encontrar.

    Hemos leído en el relato del Evangelio, las manifestaciones de entusiasmo y alegría expresados por los discípulos de Jesús, al compartir, los logros y frutos alcanzados en la Misión.
    Jesús, conoce las fatigas y esfuerzos que acompañan toda tarea y servicio, energías gastadas que provocan cansancio físico y también sicológico. Otras, la pluralidad de los males es de tal magnitud, que es fácil sentirse desbordados e impotentes, ante los sufrimientos que reclaman atención y cuidados urgentes.

    Evangelizar desde el testimonio veraz y coherente, requiere experimentar y sentir en nuestra vida la presencia del Amor; sin Jesús, nada podemos hacer que tenga un verdadero sentido, él ha de ser, por tanto, nuestra referencia primera, razón de nuestro testimonio.

    ¿Qué hacer entonces? Escuchemos a Jesús. Nos pide que vayamos con él a un lugar apacible y tranquilo. Es el encuentro personal con el Amigo, invitándonos a descansar en él, para poder así interiorizar, realidades más profundas. Los hombres y mujeres de hoy, necesitan hallar esos espacios de calma y silencio interior, que no deben ser una huída vacía, indiferente a las realidades de la vida, sino el encuentro y experiencia con el Amor de Jesús. En palabras de Ignacio de Loiola, ser «Contemplativos en la acción», no nos debe dejar indiferentes, sin respuesta; sentiremos entonces, cómo la acción del Espíritu, actúa en todo y en todos.

    Esta escena, sin embargo, aunque profundamente gratificante, no acaba aquí, sino que abarca la realidad en toda su magnitud y crudeza:
    Jesús, detiene su mirada compasiva, en la multitud que le busca y camina cansada como «ovejas sin pastor», dIspersas y necesitadas de palabras de aliento y Vida. Con calma, hablando desde el corazón, acompañando en el abandono y la soledad, escuchando los sufrimientos y también alegrías, sueños y esperanzas de los hombres y mujeres, nos recuerda otra prioridad a tener en cuenta en nuestra Misión: la «urgencia» que no debemos aplazar.

    Hoy podemos preguntarnos: ¿de verdad, sienten lástima los Pastores del Siglo XXI, ante tantas ovejas dispersas y heridas, se muestran abiertos a la acogida y escucha de sus problemas y sufrimientos? Salen a su encuentro? Creemos son mayoría los que apuestas por un SÍ incondicional.

    Las exigencias del Evangelio no se deben eludir, cuando es el otro quien necesita nuestra ayuda y presencia. Ese imprevisto surgido, no estaba escrito en la agenda, programado en la tablet, sin embargo, ahí está Jesús, mostrando el Camino a todos sus amigos-as seguidores-as.

    Oremos por los sacerdotes, que nunca les falte nuestro fiel apoyo y ayuda, haciendo que su tarea y servicio, sea más llevadero, sin olvidarnos, de pedir al Amigo y Pastor, les llene el corazón de Amor a las «ovejas»

    Miren Josune

  3. mercedes castellano fdez 16/07/2018 at 16:08 Responder

    «La compasión no brota de la atención a las normas o el recuerdo de nuestras obligaciones.Se despierta en nosotros, cuando miramos atentamente a losq ue sufren»,
    Tenemos que aprender a mirar como lo hacía Jesús , que se conmovía ante el sufrimiento , no sólo el del que le exponía su dolor sino intuyendo en tantos otros ese sufrimiento «callado», mucho más lacerante a veces.
    Nuestra sociedad vive en muchos casos un «vacío de sentido «, aunque no lo exprese en palabras
    Y también es verdad que en nuestra Iglesia, dentro de algunas comunidades se intuye una necesidad de «algo más»….algo más que el rito escrupulosamente realizado, y la norma tenida en cuenta….Pidamos al Señor , que suscite pastores , que como El , nos acerquen la Buena Nueva, con ilusión y esperanza.Y seamos también responsables para compartirla y llevarla a cuantos mas lugares podamos

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