Un voluntario cristiano es toda persona que, inspirándose en su fe y movida por su amor solidario a los desvalidos, se compromete a destinar su tiempo libre, en asociación con otras personas, a prestar un servicio gratuito en algún campo de marginación o pobreza.
Estos son los principales rasgos de un compromiso cristiano de volunariado:
Concienciación
El punto de partida de todo compromiso es la concienciación. El cristiano, trabajado por su fe, comienza a mirar el sufrimiento de los marginados con ojos diferentes, no se siente indiferente ante las diversas injusticias que se producen ante sus ojos, se sensibiliza cada vez más ante las necesidades de los últimos.
Poco a poco se va despertando en él un deseo de vivir de una manera diferente, trabajando por el desarrollo de una vida más humana para todos. Se va suscitando en él la vocación cristiana a introducir el Reino de Dios y su justicia en la sociedad actual.
Decisión inspirada por la fe
La concienciación puede llevar a tomar la decisión de comprometerse, no por motivos ideológicos sino por coherencia con las exigencias de la fe. Ser voluntario no es solo realizar una determinada actividad en un momento concreto. Es, además, toda una forma de vivir que va modelando poco a poco a la persona.
La entrega del tiempo libre
El voluntario no da cosas, se da a sí mismo. Ofrece su persona, sus cualidades, su trabajo. Concretamente ofrece su tiempo libre. Esto significa que entiende ese tiempo como servicio a los demás y no como trabajo para sus propios intereses.
Desde la comunidad cristiana
El voluntario cristiano no actúa por libre, en solitario, promoviendo acciones individuales. Actúa desde una comunidad cristiana, haciendo presente a la Iglesia en el mundo de los marginados. Por otra parte, la acción del voluntario se ha de llevar a cabo desde el trabajo en equipo para no terminar en el desaliento o en la dispersión de fuerzas.
Con carácter permanente
El compromiso del voluntario exige una continuidad en la prestación de servicios. Se trata de una colaboración estable, regular, y no esporádica o intermitente. Este carácter estable del compromiso implica con más fuerza a la persona, la ayuda a profundizar y a adquirir una mayor experiencia y capacitación.
Servicio gratuito
El voluntario escucha en su corazón la invitación de Jesús: “Gratis lo recibisteis, dadlo gratis” (Mt 10,8). Esta gratuidad no es solo un rasgo admirable de su amor generoso y desinteresado. Es un gesto que invita a una “cultura alternativa”.
Vida solidaria
La persona comprometida en un trabajo voluntario va creciendo en vida solidaria: siente las necesidades de los otros como propias; se siente responsable del bien de los demás; es capaz de dar la cara por otros; sabe defender algo no para sí, sino para beneficio de los demás; en vez de competir, se dedica a compartir; en vez de obsesionarse por ganar, sabe dar y ayudar. Poco a poco, su vida se hace cada vez más fraterna y solidaria.
Formación adecuada
Para vivir de manera responsable el compromiso de servicio a los marginados no basta la buena voluntad. Es necesaria una preparación adecuada. Una formación inicial para capacitarse, y una formación permanente para seguir actualizando y desarrollando esa capacitación primera.
José Antonio Pagola, Compromiso cristiano con los pobres (Pastoral renovada)








