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Tiempo ordinario – Ciclo A
Un desafío ineludible para la Iglesia de hoy
Si es verdad que los pobres son sostenidos por quienes tienen medios económicos, también se puede afirmar con certeza lo contrario: los pobres son quienes nos evangelizan. ¿De qué manera? Los pobres, en el silencio de su misma condición, nos colocan frente a la realidad de nuestra debilidad. Ellos revelan nuestra fragilidad y el vacío de una vida aparentemente protegida y segura.
Para nosotros, cristianos, la opción preferencial por los pobres es determinante y pertenece a su constante tradición. La realidad es que los pobres para los cristianos no son una categoría sociológica, sino la misma carne de Cristo… el Señor se hace carne, carne que tiene hambre, que tiene sed, que está enferma, encarcelada. No estamos hablando solo de la asistencia y del necesario compromiso por la justicia, «la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria» (EG 200).













