Aprender a envejecer
Se envejece como se vive. Nadie nos prepara para vivir esta fase de la vida. La persona va llegando a una situación nueva sin preparación, sin guías ni orientación. La mayor equivocación sería pensar que se puede vivir esta edad de la misma forma que se ha vivido hasta ahora, sin conocer los nuevos caminos que se han de recorrer en esta etapa en que culmina la vida. Cada edad tiene sus propias características. También la vejez. No hemos de negar el desgaste y los problemas que trae consigo el paso de los años, pero, al mismo tiempo, es la etapa que nos ofrece la posibilidad de culminar nuestra vida. Lo importante es aceptar con realismo la nueva situación y adoptar una postura abierta y positiva ante esta última etapa de la vida.
La crisis de la persona mayor
El envejecimiento es una nueva situación que vive la persona mayor en la que se producen tres crisis básicas:
Una crisis de identidad: la imagen que la persona tenía de sí misma queda ahora afectada y cuestionada por las pérdidas que va sufriendo y por la decadencia general.
Una crisis de autonomía: al experimentarel progresivo desvalimiento y la necesidad de tener que depender de los cuidados y decisiones de los demás.
Una crisis de pertenencia: la persona mayor se ve obligada a retirarse de sus anteriores ocupaciones y actividades.
La verdadera crisis hemos de detectarla a niveles más profundos:
Se acaba poco a poco la firmeza y la seguridad. La persona ha de pasar de la autoafirmación a la aceptación. De la confianza en las propias fuerzas a la confianza en fuerzas que no son suyas.
La persona comienza a presentir el final de una manera más consciente y personal. Percibe en sí misma que las fuerzas se van gastando y que la vida se termina. Ya no es posible hacer grandes proyectos. Ahora llega el final.
La oportunidad de culminar la vida
Todos los capítulos son importantes, pero ninguno tanto como el último. Por eso, llegar a mayor no es una desgracia. Al contrario, es tener la oportunidad de dar a la vida su último sentido y orientación.
La última etapa es el tiempo de repensar despacio la vida, para aprender a vivir no solo desde la actividad y el trabajo, sino también desde la contemplación y el ser; no solo desde el vigor y el esfuerzo, sino desde la debilidad y la humildad. Es el tiempo de aprender a vivir más despacio, sin prisas, encontrándonos con nosotros mismos con más hondura. Es tiempo para disfrutar de manera sosegada de cada experiencia, de cada persona, de cada encuentro.
Para vivir así la vejez es importante evitar posturas equivocadas: negar la realidad, apegarse al pasado, encerrarse en uno mismo, endurecerse desde el dogmatismo y la intolerancia, rehuir el encuentro con Dios llenando la vida de tareas, actividades y diversiones.
El mayor error de la jubilación sería vivirla de una forma vacía, sin un proyecto que le aporte sentido. Por ello nos preguntamos: ¿Cómo dar sentido a la jubilación? ¿Cómo elaborar un proyecto de vida?
Descubrir nuevas metas: Antes de la jubilación, la misma vida imponía a la persona los objetivos: ganarse la vida con un trabajo concreto, sacar adelante la familia, asegurar el futuro de los hijos, ejercer un determinado cargo o responsabilidad. Ahora, es el jubilado mismo quien ha de decidir hacia dónde quiere caminar, sus propias metas. Las posibilidades son muchas: desarrollar algunas cualidades que antes no se pudieron cuidar; madurar ideas o proyectos que antes no se pudieron concretar; mejorar aspectos de nuestra vida hasta ahora más descuidados; rectificar errores; acrecentar nuestros conocimientos en algún campo; cuidar más la vida interior; vivir más en contacto con la naturaleza; realizar alguna actividad o servicio de carácter altruista; cuidar mejor las amistades; escuchar música, leer, orar, meditar.
Asumir las tareas adecuadas: Para alcanzar estas metas es necesario concretar tareas y medios para lograrlo. Es importante saber organizarse para concretar el tiempo que se dedicará a cada una de las metas que nos hemos propuesto. Y, también, que la persona determine, con realismo y según sus posibilidades, qué responsabilidades puede asumir.
Cumplir las aspiraciones: Estas metas y tareas concretas han de ir respondiendo a las aspiraciones y anhelos más hondos de la persona: paz interior, armonía y equilibrio personal, amor compartido, enriquecimiento mutuo, dicha. La persona que ve cumplirse fundamentalmente sus aspiraciones puede mirar al futuro con confianza, y vivir no solo con personalidad y sentido de responsabilidad, también con esperanza.
José Antonio Pagola, Vivir la jubilación (Pastoral renovada)








