BARTIMEO
Ciego sentado
al borde del camino,
extendida la mano, sin mirada,
que oye cómo se acerca
un tumulto de voces
y pisadas.
Y pregunta: «¿Quién es?,
¿qué es lo que ocurre?».
Es Jesús Nazareno,
que ahora pasa.
Oye, Señor, tu paso
pero no te ve.
Ha extendido su brazo
y no te alcanza.
Y es por eso que su grito es
¡un grito de dolor y de esperanza!
Y se pone a gritar,
fuerte, ¡más alto!
Y le sale la voz de las entrañas,
pues quiere aprovecharse
de tu paso.
Y los demás, ¡aun quieren acallarla!
Oyes, Señor, su grito y te detienes,
y enseguida le llamas.
Y él, que oye tu voz,
de un salto se levanta.
Ya lo tienes delante,
vacía su mirada,
y vas y le preguntas:
«¿Qué quieres que te haga?».
«Haz, Señor, que yo vea
Por tu sola palabra».
Y tú, que ves su fe,
tocas sus ojos para que se abran.
Ojos al fin dichosos,
que en ti se han estrenado.
Los acabas de abrir
y ellos te han visto.
¡Ya en ellos siempre
quedará grabada
la expresión de los tuyos,
¡dulce Cristo!
Mercedes Castellano
GVJ Ruah







