RECUPERAR LA ESPIRITUALIDAD DE JESÚS- II
El silencio, camino hacia Dios
Acostumbrados a vivirlo todo desde fuera se nos ha olvidado que, para encontrarnos con Dios, es necesario que lo busquemos dentro de nosotros mismos. El misterio de Dios es una experiencia que cada uno hemos de vivir en el silencio de nuestro corazón.
Tal vez las primeras veces no sentiremos nada especial. Solo escucharemos nuestros miedos, preocupaciones y problemas. Nuestra mente se llenará de toda clase de pensamientos e imágenes. Pero, si permanecemos en silencio, empezaremos a descubrir nuevas experiencias. Si continuamos en silencio con paz, empezaremos a escuchar preguntas hondas que llevamos en nuestro corazón: ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Qué busco en definitiva? ¿Por qué he perdido mi confianza en Dios? ¿Por qué no le dejo entrar en mi vida? Entre nuestras preguntas, miedos y deseos y la presencia amorosa de Dios solo hay una tenue tela que en cualquier momento puede caer. ¡Dios está dentro de mí!
En el silencio ante Dios podemos descubrir mejor nuestra pequeñez y pobreza, nuestra superficialidad y vacío, pero, al mismo tiempo, ante Dios podemos descubrir nuestra grandeza de seres amados infinitamente por Él, transformados y salvados por su amor.
Desde ese silencio nos es más fácil captar todo lo bueno, lo bello, lo digno, lo grande que hay en toda vida humana. Y es más fácil también escuchar los sufrimientos y el dolor de los que viven y mueren sin conocer el amor, la amistad, el hogar o el pan de cada día. El silencio ante Dios nos hace más sensibles a los miedos, anhelos y esperanzas de las personas.
Cultivar la espiritualidad de Jesús
En el interior del cristianismo han ido creciendo a lo largo de los siglos diferentes escuelas y corrientes de espiritualidad, no siempre inspiradas en la experiencia de Jesús. Estoy convencido de que, en estos tiempos de crisis religiosa, pocas cosas puede haber más urgentes en la Iglesia de Jesús que cultivar una espiritualidad arraigada en él.
Una espiritualidad que se alimente en su experiencia genuina de un Dios Padre
Jesús confía en Dios desde el fondo de su ser. Se abandona a Él sin recelos ni cálculos. Al mismo tiempo, Jesús vive en actitud de docilidad total al Padre. Nada ni nadie lo apartará de ese camino.
Una espiritualidad que sea reconocible por su pasión profética al servicio del proyecto humanizador del reino de Dios
El centro de la experiencia interior de Jesús no lo ocupa propiamente Dios, sino el «reino de Dios», pues Jesús no separa nunca a Dios de su proyecto de humanizar la vida y transformar el mundo. En su silencio interior, Jesús nunca percibe a Dios encerrado en su Misterio insondable, aislado del sufrimiento humano e indiferente a la historia de sus hijos. Lo experimenta como una Presencia buena y amistosa que nos está atrayendo a todos sus hijos hacia un mundo más justo y fraterno.
Una espiritualidad que esté orientada por su mirada preferente a los que sufren y su entrega a los más pobres y necesitados
Allí donde se cultiva una espiritualidad marcada por el Espíritu de Jesús se reconocerá a sus seguidores por su cercanía a los pobres, su defensa de los últimos y su práctica liberadora de toda forma de esclavitud y opresión.
Me atrevería a decir que el camino más eficaz para sintonizar con la espiritualidad de Jesús es aprender a mirar de manera atenta y responsable el rostro de los que sufren. Esta mirada nos arranca de la indiferencia que bloquea nuestra compasión o de marcos religiosos o espirituales que nos permiten vivir con la conciencia tranquila sin activar en nosotros la solidaridad fraterna.
José Antonio Pagola, NUEVA ETAPA EVANGELIZADORA, 2. Anunciar a Dios como buena noticia, capítulo 7







