¿Qué ha de suceder en las comunidades cristianas para que se pueda desencadenar una “nueva evangelización”, es decir, la comunicación viva del Evangelio como algo nuevo y bueno?
La acogida del Espíritu, fuente de nueva evangelización
No hay evangelización si no hay Pentecostés
Los relatos pascuales nos ofrecen un dato básico y central. Los encuentros con el Resucitado terminan invariablemente en una llamada a la evangelización (Jn 20,21; Lc 24,48; Mt 28,19; Mc 16,15).
La exigencia de evangelizar solo irrumpe entre los discípulos cuando han vivido la experiencia gozosa de la salvación que Dios realiza en Jesucristo. Por eso, podemos decir que evangelizar es actualizar o reproducir hoy esa experiencia salvadora, transformadora, esperanzadora, que comenzó con y en Jesucristo.
El vacío de una evangelización sin Espíritu
El mayor error que puede cometer la Iglesia de hoy, al impulsar la nueva evangelización, es pretender sustituir con la organización, el trabajo, la estrategia o la planificación lo que solo puede nacer de la fuerza del Espíritu. Sin el Espíritu, Cristo se queda en un personaje del pasado, el Evangelio es letra muerta, la Iglesia pura organización.
Hacia una evangelización animada por el Espíritu
Nuestra primera tarea hoy es “hacer sitio” al Espíritu dentro de la Iglesia y de las comunidades cristianas. Acoger al Espíritu en lo hondo de nuestros corazones y en el interior de la actividad pastoral y evangelizadora. Esta experiencia del Espíritu no se puede planificar ni programar. Pero sí se puede suscitar la invocación, despertar la atención a lo interior, sugerir caminos de apertura al Espíritu.
Convocados a una nueva evangelización
Son muchas las parroquias, las comunidades y grupos cristianos que viven su fe sin sentirse llamados a comunicarla. Son muchos los cristianos, incluso practicantes convencidos, que viven sin sospechar siquiera que ellos puedan tener alguna responsabilidad de anunciar y comunicar algo a los demás. Si queremos echar las bases de una nueva evangelización es necesario despertar la vocación misionera y el potencial evangelizador de los creyentes, las familias, los grupos cristianos, las comunidades y las parroquias.
La llamada a la evangelización
La llamada a la misión solo se capta en un clima de atención, apertura y escucha a Aquel que nos está llamando. De ahí la importancia de la oración para la misión evangelizadora.
No cualquier oración. Una oración hecha de silencio y de escucha a ese Dios que, en Cristo, ama a todos los hombres y quiere que “todos lleguen al conocimiento de la verdad”. Es necesario escuchar la llamada. Es necesario el encuentro con el que nos llama.
Por otra parte, la vocación siempre es personal. La ha de escuchar cada creyente. Hay siempre una llamada dirigida a mí, a la que nadie puede responder en mi nombre.
Espiritualidad apostólica
No basta escuchar la llamada. La nueva evangelización está pidiendo aprender a vivir como enviados de Jesucristo, entender y vivir la existencia cristiana como servicio a la evangelización, sentirse destinados a la difusión y crecimiento del Reino de Dios.
Esta espiritualidad apostólica nace y se alimenta en la oración, pues la espiritualidad del apóstol o enviado consiste en vivir desde Otro para otros, vivir desde Cristo para los hermanos.
José Antonio Pagola, Una oración nueva para una nueva evangelización (Pastoral renovada)







