Este método de lectio divina consiste fundamentalmente en una lectura meditada de la Biblia, orientada directamente a suscitar el encuentro con Dios a través de la oración y la contemplación.
Aunque se trata de un único ejercicio espiritual, se pueden distinguir diferentes momentos: la lectura (lectio), la meditación (meditatio), la oración (oratio), la contemplación (contemplatio), el testimonio de vida (operatio).
En la lectura el creyente trata de comprender el texto bíblico; en la meditación busca ahondar en la Palabra de Dios y acogerla en su corazón; en la oración responde a Dios dialogando con él; en la contemplación entra gozosamente en su misterio; en la acción su encuentro con Dios se convierte en vida transformada por la Palabra de Dios y animada por el Espíritu Santo.
Se trata, por tanto, de un camino que recorre el creyente haciendo de la Palabra de Dios escrita el punto de partida y la experiencia de un encuentro transformador con Dios. La Biblia se convierte así en libro de oración.
Al inicio
Antes de comenzar a leer un texto, es imprescindible crear un clima de silencio interior que nos permita distanciarnos de las impresiones y preocupaciones del día, y tomar conciencia de lo que vamos a hacer. No se trata de leer algo, sino de escuchar a Dios que nos va a hablar.
La primera lectura
Es conveniente leer un trozo breve que tenga sentido completo (por ejemplo, una parábola, una exhortación de san Pablo, el relato de un milagro).
Hemos de leerlo muy despacio, mucho más de lo habitual, para captar bien lo que dicen las palabras, y asimilar interiormente lo que el texto quiere comunicar.
Primero hemos de situarlo correctamente. En concreto, es conveniente conocer cuál es el libro que vamos a leer, en qué ambiente fue redactado, quién es su autor, con qué intención fue escrito. Nuestro esfuerzo por ahondar en el texto bíblico ha de estar dirigido por este tipo de preguntas: ¿Qué es lo que el escritor quiere decirnos? ¿A qué le da más importancia? ¿Por qué ha destacado con tanta fuerza este detalle o estas palabras? ¿Por qué repite una y otra vez este término?
La meditación de la Palabra de Dios
Siempre hemos de escuchar la Palabra de Dios desde nuestra vida concreta y para ella, con la ayuda de este tipo de preguntas: ¿Qué verdad me descubre Dios en esta Palabra que estoy escuchando? ¿A qué me llama, a qué me invita? ¿En qué renueva mi esperanza, mi confianza en Dios esta Palabra?
La respuesta de la oración
Esta oración de respuesta a la Palabra de Dios ha de estar impregnada de amor agradecido. “Dios está aquí, ahora, hablando conmigo. Es mi Amigo. Me ama”.
Si el texto bíblico que estamos leyendo sugiere alguna invocación es bueno repetirla una y otra vez desde el fondo del corazón.
La contemplación
La contemplación puede ser un momento en la escucha de la Palabra, pero es, sobre todo, la actitud mejor de vivir todo el proceso de acercamiento a la Palabra de Dios. Por una parte, la lectura puede hacerse buscando solo ciencia y conocimiento preciso del significado del texto, pero puede estar ya orientada, desde el comienzo, a conocer, saborear y gustar el amor de Dios. Por otra parte, la meditación es el mejor camino para abrirse a la contemplación: “Leyendo oro, orando contemplo”.
El compromiso de vida cristiana
El compromiso de vida cristiana no es sino el fruto de la contemplación. La Palabra de Dios, que está en el corazón del creyente por el Espíritu, convierte la vida del cristiano en “sal de la tierra” y “luz del mundo”.
José Antonio Pagola, La Biblia, ese libro de oración (Pastoral renovada)








