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Tiempo ordinario – Ciclo A
Ve y haz tú lo mismo
La cultura dominante de los inicios de este milenio instiga a abandonar a los pobres a su propio destino, a no juzgarlos dignos de atención y mucho menos de aprecio. Y nos hace mucho bien descubrir que aquella escena del buen samaritano se repite también hoy. ¿Qué hizo el buen samaritano?
La pregunta se vuelve urgente, porque nos ayuda a darnos cuenta de una grave falta en nuestras sociedades y también en nuestras comunidades cristianas. El hecho es que muchas formas de indiferencia que hoy encontramos «son signos de un estilo de vida generalizado, que se manifiesta de diversas maneras, quizás más sutiles. Además, como todos estamos muy concentrados en nuestras propias necesidades, ver a alguien sufriendo nos molesta, nos perturba, porque no queremos perder nuestro tiempo por culpa de los problemas ajenos. Estos son síntomas de una sociedad enferma, porque busca construirse de espaldas al dolor. Mejor no caer en esa miseria. Miremos el modelo del buen samaritano» (Fratelli tutti 65-66). Las últimas palabras de la parábola evangélica –«Ve, y procede tú de la misma manera» (Lc 10,37)– son un mandamiento que un cristiano debe oír resonar cada día en su corazón.













