RESTAURAR LA DIGNIDAD DE LA MUJER
1. La condición de la mujer judía
Las mujeres judías en época de Jesús eran menospreciadas por los varones, carecían de sitio en la vida social y resultaban marginadas de la vida religiosa.
2. La mirada diferente de Jesús
Sería anacrónico presentar a Jesús como un precursor del feminismo, comprometido en la lucha por conseguir la igualdad de derechos del hombre y la mujer. Sin embargo, su fe en el reino de Dios y su defensa de los últimos le lleva a criticar toda sociedad patriarcal que favorece una relación de dominio y de poder del varón sobre la mujer.
Apoyándose en la voluntad originaria de Dios, Jesús pone fin al privilegio machista del repudio y exige para las mujeres una vida más segura, digna y estable dentro del matrimonio. Dios no quiere estructuras que generen dominación del varón y sumisión de la mujer. Con esta posición, Jesús está anulando de raíz el fundamento del patriarcado.
3. La «nueva familia» en el proyecto del reino de Dios
En el proyecto del reino de Dios no es posible reproducir las relaciones patriarcales. Todos han de renunciar al poder y dominio sobre los demás para vivir al servicio de los más débiles y pequeños. Nadie ha de llamarse ni ser «padre» en la comunidad de Jesús. Solo el del cielo.
4. Discípulas de Jesús
Un grupo no pequeño de mujeres siguieron a Jesús desde Galilea a Jerusalén y no lo abandonaron ni en el momento de su ejecución. Escuchaban su mensaje, aprendían de él y lo seguían de cerca, lo mismo que los discípulos varones. El hecho es incontestable y sorprendente.
Nunca se dice que Jesús las llamara individualmente, como al parecer hizo con algunos varones, no con todos. Probablemente se acercaron ellas mismas atraídas por su persona y Jesús las invitó a quedarse. Son «hermanas».
Las mujeres siguieron a Jesús hasta el final y tuvieron una presencia muy significativa en los últimos días de su vida. Cada vez hay menos dudas de que tomaron parte en la última cena. Su reacción ante la crucifixión es admirable. Mientras los varones huyen, ellas permanecen fieles y siguen «desde lejos» la ejecución. Pero sin duda lo más significativo es su protagonismo en el origen de la fe pascual. El anuncio primero de la resurrección de Jesús estuvo ligado a las mujeres.
Nunca se llama a estas mujeres «discípulas» por la sencilla razón de que no existía en arameo un término para designarlas así. No pueden llevar el nombre, pero Jesús las considera y trata como verdaderas discípulas. Sin embargo no pudo enviarlas por las aldeas de Galilea a anunciar el reino de Dios. Su palabra hubiera sido rechazada. A las mujeres no se les permitía siquiera leer la Palabra de Dios ni hablar en público. ¿Cómo iban a escuchar los varones su mensaje del reino de Dios?
5. Algunas tareas básicas
Concienciación: Es necesario revisar modelos negativos de mujer que se promueven también entre los cristianos: mujer-objeto, mujer relegada a tareas de esposa y madre, mujer inferior al varón…; revisar comportamientos, hábitos y costumbres que perpetúan el dominio del varón sobre la mujer; revisar visiones unilaterales y falsas de la mujer y lo femenino.
Revisión teológica: Resulta necesaria una labor de purificación de la imagen de Dios falsamente masculinizada por una sociedad patriarcal. Dios no ha de ser utilizado para promover, mantener o reforzar la sumisión de la mujer al varón en ninguno de los ámbitos social, político o religioso.
Dignidad de la mujer: Hay que promover una reacción más firme y contundente contra la manipulación social de la mujer, que destruye y vacía de contenido lo que teóricamente se dice sobre su dignidad.
Hacia una verdadera igualdad y dignidad de la mujer y el varón: Lo más decisivo es ir logrando que la mujer vaya teniendo en todos los órdenes (familiar, cultural, laboral, social, jurídico o religioso) el lugar que le corresponde, en el mismo plano de igualdad y dignidad personal que el varón, sin sufrir, en razón de su sexo, discriminación o exclusión alguna en sus derechos.
En la Iglesia, sin esperar más: Hemos de trabajar en hacer sitio a la mujer en niveles y órganos de decisión y responsabilidad. Hemos de crear un clima diferente donde el protagonismo y la participación de la mujer sea más normal y habitual. Así será posible un planteamiento más sereno y constructivo de la participación de la mujer en todos los ámbitos y ministerios eclesiales, sin excluir el ministerio presbiteral.
José Antonio Pagola, NUEVA ETAPA EVANGELIZADORA
1. Recuperar el proyecto de Jesús, capítulo 7







