Dios es compasión
Jesús no habla nunca de un Dios indiferente o lejano, olvidado de sus criaturas o interesado por su honor, su gloria o sus derechos. Para Jesús, Dios es compasión. “Entrañas”.
La compasión es el modo de ser de Dios, su primera reacción ante sus criaturas, su manera de ver la vida y de mirar a las personas, lo que mueve y dirige toda su actuación.
Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo
Es la compasión y no la santidad el principio que ha de inspirar la conducta humana. Dios es grande y santo, no porque rechace y excluya a los paganos, pecadores e impuros, sino porque ama a todos sin excluir a nadie de su compasión.
Por eso, la misericordia no es, para Jesús, una virtud más sino la única manera de ser como es Dios. El único modo de mirar el mundo como lo mira Dios, la única manera de sentir a las personas como las siente Dios, la única forma de reaccionar ante el ser humano como reacciona Dios.
Jesús, primer testigo de la compasión de Dios
Jesús fue el primero en vivir totalmente desde la compasión de Dios desafiando claramente el sistema de santidad y pureza que predominaba en aquella sociedad.
En la raíz de su actividad curadora e inspirando toda su actuación con los enfermos está siempre su amor compasivo.
Jesús no los cura para probar su condición divina o la veracidad de su mensaje. Lo que le mueve a Jesús es la compasión. Quiere que, desde ahora, estos enfermos experimenten ya en su propia carne la misericordia de Dios.
Pronto se acercaron a Jesús todo tipo de personas desgraciadas y desvalidas. El profeta de la misericordia de Dios atraía, sobre todo, a los que vivían hundidos en la miseria, los desposeídos de todo, los que no tienen lo necesario para vivir.
Jesús se une a ellos, comienza a vestir y calzar como ellos, los acoge y los defiende. Todo el mundo ha de saber que son los hijos e hijas predilectos de Dios. Nunca en ninguna parte se construirá la vida tal como la quiere Dios si no es liberando a estos hombres y mujeres de la miseria. Ninguna religión será bendecida por Dios si no introduce en el mundo justicia para ellos.
La parábola del buen samaritano
La parábola de Jesús introducía un vuelco total. Los representantes de la religión pasan de largo junto al herido. El odiado enemigo es el salvador. Con la compasión caen las barreras. Hasta un enemigo tradicional, renegado por todos, puede ser instrumento de la compasión de Dios.
La verdadera postura no es preguntarse como el escriba: “¿Quién es mi prójimo?” ¿Hasta dónde llegan mis obligaciones hacia los demás? La verdadera actitud de quien vive movido por la compasión es preguntarse: ¿Quién está necesitado de que yo me acerque y me haga su prójimo?
Cuando uno vive desde la compasión de Dios toma con total seriedad a todo ser humano que sufre, cualquiera que sea su raza, su pueblo o su ideología. No se pregunta a quién tengo que amar sino quién me necesita cerca. Todo herido que encuentro en la cuneta de mi camino es mi prójimo. Solo desde esta compasión se construye el Reino de Dios.
José Antonio Pagola, Jesús y la misericordia (Pastoral renovada)








