Una nueva experiencia de Dios como Buena Noticia
¿Cómo actualizar hoy a ese Jesús que “proclamaba la buena noticia de Dios” (Mc 1,14)?
En medio de una sociedad que se aleja de Dios: La indiferencia religiosa actual es un estado al que muchos han llegado después de tener contacto con la fe cristiana. Para estas personas, el cristianismo no tiene ninguna novedad.
Por otra parte, muchos no guardan buen recuerdo de su experiencia religiosa. El Dios que han conocido no ha sido para ellos gracia liberadora, fuerza y alegría para vivir, fuente de sentido y esperanza. Y, naturalmente, van prescindiendo de Él.
Comunicar a Dios como Buena Noticia: Lo primero y decisivo en la nueva evangelización es saber comunicar a Dios como Amigo y Salvador del hombre de hoy. Pero, no basta revisar y purificar la imagen de Dios que transmitimos con los labios. Es necesario que los que hablan de Dios sean buenos. Testigos de la misericordia y la ternura de Dios hacia todo hombre.
Nueva experiencia de Dios: La evangelización nace del gozo, del agradecimiento. Solo se anuncia una Buena Noticia a otros cuando uno mismo la ha saboreado. En la raíz de la nueva evangelización es necesaria una oración que permita y favorezca la experiencia de Dios como Buena Noticia.
Pedagogía de una oración para la nueva evangelización
Hay que orar. No solo hablar de oración o decir que hay que orar. Y también hay que recordar que no hemos de convertir la oración en estrategia para ninguna cosa. La oración es el encuentro con Dios, la comunicación y apertura a su Misterio. Señalamos algunos elementos importantes para tener una experiencia de oración que favorezca una nueva evangelización.
La experiencia de un Dios bueno, vivida en la oración, puede introducir una verdadera novedad en la evangelización.
El amor al hombre de hoy: La experiencia de Dios lleva siempre a la preocupación por el hombre, al que Él ama apasionadamente. Quien no sienta compasión y ternura por las muchedumbres, como sentía Jesús (cf. Mt 9,36), no evangelizará.
Cercanía a los increyentes: Quien acoge en sí mismo el amor de Dios, mira con simpatía inmensa a todo hombre, también a quienes caminan por la vida con aire indiferente o incrédulo. Son hermanos. Hijos del mismo Padre. También en ellos actúa el Espíritu.
Enviados a los pobres: Son las víctimas, los agredidos en sus derechos fundamentales, los maltratados por la vida, los que están pidiendo más que nadie el anuncio y la venida del Reino de Dios y su justicia.
Si no hay solidaridad, defensa y lucha por los “nuevos pobres”, ¿dónde está la novedad de la “nueva evangelización”?
Audacia para evangelizar: No es fácil hoy hacer presente el Evangelio en medio de un mundo muchas veces indiferente e, incluso, hostil. Son bastantes los que perciben hoy la tarea evangelizadora como excesiva y desproporcionada para nuestras fuerzas.
El Espíritu de Dios está actuando ya, no solo en la Iglesia, también en esa sociedad descreída e indiferente. Está actuando en el corazón de los hombres antes de que nosotros empecemos a organizar nuestra pastoral. Lo que se nos pide es colaborar en la acción salvadora que Dios está llevando a cabo en la historia.
La aceptación de la cruz: La evangelización no se lleva a cabo sin cruz. El Evangelio siempre encuentra resistencia en el mundo y en la misma Iglesia. Por eso, no es extraño que quien participa en la misión de Cristo se encuentre más de una vez con el rechazo, la crítica o el conflicto.
La evangelización no se lleva a cabo mediante la fuerza, el poder o el éxito, sino en la debilidad y la pasión. Tal vez, deberíamos sorprendernos, no por los conflictos existentes, sino por la falta de conflictividad o por la excesiva armonía entre la Iglesia y una sociedad a la que se considera tan poco cristiana.
La comunicación de la esperanza: En unos tiempos en los que la pérdida de horizonte, la incertidumbre ante el futuro y el oscurecimiento de metas y referencias están provocando una profunda crisis de esperanza, la nueva evangelización ha de ser, antes que nada, comunicación de la esperanza cristiana.
Esta esperanza no se basa en cálculos y análisis optimistas de la realidad; no es el optimismo que nace de unas perspectivas halagüeñas; no es tampoco el olvido de los problemas y dificultades. La esperanza cristiana nace del vivir “enraizados y edificados” en Jesucristo (Col 2,6). Necesitamos una oración que alimente nuestra esperanza.
José Antonio Pagola, Una oración nueva para una nueva evangelización (Pastoral renovada)







