¿Qué actitud hemos de adoptar ante la Biblia para poder escuchar en ella la Palabra que Dios nos dirige? ¿Cómo puede ser la Biblia realmente “libro de oración”, es decir, el libro cuya lectura despierte, alimente y haga crecer el encuentro amoroso con Dios?
Lugar de la Biblia en la experiencia cristiana
La Sagrada Escritura es la gran mediación que asegura la continuidad entre la experiencia de fe vivida por el pueblo elegido de Israel, y por los discípulos de Jesús, y la experiencia que hemos de vivir los creyentes de hoy.
Antes de ser escrita, la Palabra de Dios ha sido escuchada y vivida en el interior del pueblo elegido y en el seno de las primeras comunidades cristianas; ha habido todo un proceso en el que se ha pasado de la experiencia de Dios, vivida por una comunidad creyente, a la redacción de un texto escrito que llega hoy hasta nosotros.
Es necesario que se dé ahora un proceso inverso que permita a los creyentes de hoy pasar de la lectura del texto escrito de la Biblia a una experiencia de Dios como la que fue vivida en otros tiempos. Si no se da este encuentro con la Palabra viva de Dios, se produce una ruptura, el “hablar” de Dios no llega hasta nosotros, la Biblia queda reducida a letra muerta que no da vida.
De la experiencia de la Palabra de Dios al texto escrito de la Biblia
Para nosotros, los cristianos, es de especial importancia la experiencia vivida por los hombres y mujeres que estuvieron en contacto con Jesús. Este grupo de discípulos creyeron en Jesucristo, experimentaron en él la salvación definitiva de Dios; Jesús dio a sus vidas un sentido nuevo y se convirtió para ellos en el fundamento de la esperanza última para todos los hombres. Urgidos por el Espíritu del Resucitado, comunicaron su experiencia a otros y anunciaron a Cristo como Palabra de Dios hecha carne por nuestra salvación.
Del texto escrito de la Biblia a la experiencia de la Palabra de Dios
Lo primero, sin duda, es tomar contacto directo con el texto escrito de la Biblia. Ahí nos encontramos con un lenguaje que no es el nuestro, con un mundo histórico y cultural muy alejado de nuestro contexto actual. Nuestro primer esfuerzo ha de ser desentrañar ese texto para entender correctamente lo que esos autores quieren transmitir.
Pero es necesario algo más para captar la experiencia de fe vivida en el pasado y hacerla nuestra. Abrirnos hoy a la acción salvadora de Dios. No se trata de leer un libro religioso, sino de vivir un acontecimiento salvador, una “experiencia espiritual” que nos introduce en la dinámica de la historia de salvación.
El encuentro con la Palabra de Dios en la Biblia
Los creyentes se han de acercar a la Biblia, no para leer un libro, sino para encontrarse con Dios. No se trata de leer un texto, analizarlo y descubrir su sentido, sino de escuchar a ese Dios que nos habla desde esa Palabra escrita. Solo cuando un creyente escucha a Dios se puede propiamente decir que acontece allí la Palabra de Dios.
La Palabra viva de Dios
En la Biblia, Dios está hablando de forma viva y permanente. Jesús que habló “in illo tempore”, sigue hablando “hic et nunc” (aquí y ahora). Sus palabras no han perdido fuerza por haber pasado de palabra hablada a palabra escrita. Por la acción del Espíritu, el texto escrito se convierte en Palabra viva, que alcanza a todo hombre o mujer allí donde esté.
Bajo la acción del Espíritu Santo
Solo cuando la acción del Espíritu Santo guía la lectura del creyente, esta puede suscitar el encuentro con Dios y convertirse en fuente de vida cristiana y de crecimiento espiritual. Por eso, el Vaticano II afirma que “la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió” (DV 12).
El texto fue inspirado y sigue inspirado por la acción del Espíritu que continúa también hoy la revelación de Dios, haciéndola llegar a los hombres y mujeres de nuestros días.
Es importante el estudio literario y el análisis de los exegetas para comprender el texto, pero, sin el Espíritu, no se capta la Palabra de Dios.
Cristo, centro de las Sagradas Escrituras
Los cristianos leemos la Biblia desde la fe en Jesucristo. Por eso, Cristo es el centro y la plenitud de la Escritura, el punto focal desde el que hemos de leer la Biblia entera. Su palabra y su fuerza salvadora se despliegan a través de todos los libros del Nuevo Testamento; por otra parte, todo el Antiguo Testamento está ordenado a significar, anunciar y preparar su venida. Es él quien da sentido pleno a todas las Escrituras.
El lector cristiano ha de tener siempre en cuenta esta orientación cristocéntrica de la Biblia. Desde la Palabra de Dios “hecha libro” nos abrimos a la Palabra de Dios “hecha carne” en Cristo. Sin Cristo, la unidad de la Sagrada Escritura se deshace, y la Biblia se fragmenta en palabras dispersas que no encuentran en ninguna parte su plenitud de sentido.
José Antonio Pagola, La Biblia, ese libro de oración (Pastoral renovada)








