Toda la actuación de Jesús está marcada por el signo de la amistad. Todo viene inspirado, guiado y unificado por su actitud amistosa hacia las gentes.
1. El Profeta amigo
La amistad es una forma de amor que se caracteriza, sobre todo, por la atención afectuosa al amigo, la búsqueda de comunión y la entrega personal a promover el bien de la persona amada. No es difícil encontrar en Jesús los rasgos propios de ese “amor de amistad”.
La atención a la persona concreta es el primer gesto de quien vive ofreciendo amistad. Así trata Jesús al joven desconocido que se acerca a él (Mc 20,21), a la mujer pecadora que llora a sus pies (Lc 7,48.50), a su discípulo Pedro (Jn 1,142).
El afecto emocionado hacia las personas. Así reacciona Jesús ante unos ciegos que le piden su curación (Mt 20,34), al acercarse a María por la muerte de su hermano Lázaro (Jn 11,33-35), ante la ciudad de Jerusalén (Lc 19,41). Basta una palabra, un sufrimiento, para que brote en Jesús su afecto lleno de ternura.
Amistad como benevolencia, esto es, un afecto que quiere el bien de las personas y lo busca. Como cuando ve una gran multitud que le espera “como ovejas sin pastor” (Mc 6,33), o con la familia que lo acoge (Jn 11,5), pero también con el discípulo que lo ha traicionado (Lc 22,61).
Amistad como compasión que te acerca al sufrimiento del otro para acogerlo, acompañarlo, ayudarlo. Así reacciona Jesús con las personas que están pasando hambre (Mt 15,32), con un leproso que se le acerca (Mc 1,40-41), con una viuda que ha perdido su único hijo (Lc 7,13).
Amistad como entrega, donación gratuita al otro. Los evangelistas describen a Jesús desviviéndose por los demás, entregando lo mejor de sí mismo a todos. No busca su éxito, su prestigio o bienestar. Es el amor lo que anima su vida entera (Mc 10,45). Su crucifixión no será sino la culminación de esa entrega (Jn 13,1).
2. Amigo de sus discípulos
Jesús ofrece su amistad a todos, incluso a aquellos que son excluidos de la convivencia social y de la comunión religiosa, pero los evangelistas destacan la amistad particularmente honda y entrañable que vive y cultiva con sus discípulos.
Jesús los reúne en una comunidad de afecto. No son siervos, sino amigos (Lc 12,4).
Esta amistad nace como fruto de una elección de Jesús. Es él quien los elige e invita a vivir su amistad (Jn 15,16)
Jesús los elige para estar con él y, luego, poder anunciar a todos la Buena Noticia del Dios Amigo (Mc 3,13-14).
La fe de los discípulos va creciendo en esta convivencia amistosa con Jesús, donde él les va revelando sus secretos más íntimos (Jn 15,15).
Jesús les muestra hasta qué extremo llega su amistad (Jn 15,13). Su muerte será un don (Jn 10,18).
A través de su amistad, Jesús les revela el amor de Dios. De esta comunión de amistad con Jesús nace un estilo nuevo de vida: vivir en el amor (Jn 15,9-10.12).







